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DE VEZ EN CUADO BIENE BIEN SALIR DE DISCAPACILANDIA

DE VEZ EN CUADO VIENE BIEN SALIR DE DISCAPACILANDIA

Por: Nelson Julián Villamizar

 

La gran sociedad humana está conformada por todos los grupos poblacionales, sectores sociales, comunidades, hombres, mujeres, de todas las edades, colores, etnias, regiones, culturas, inclinaciones, tendencias, estratos, creencias, ideologías, disciplinas y demás variedades o diversidades del amplio espectro que en sus diferencias constituye la mayor riqueza de nuestra especie y de la vida contemporánea, en todo ese inmenso panorama variopinto la condición de discapacidad es transversal o está presente en cada uno de estos segmentos.

Sin que caigamos en ser Ghettos o Guetos los cuales se constituyen como área o grupúsculos separadas por parte de un grupo poblacional, que corresponde a determinadas características por las que son excluidos por los demás o que en sus dinámicas de introversión excluyen a los demás, en ambos casos por cargas emocionales o subsistencias de perjuicios y antivalores, así también las Tribus Urbanas que son grupos sociales compuestos por individuos que comparten diversos aspectos, como ser su origen, sus tradiciones y hábitos. El concepto suele emplearse con referencia al conjunto de sujetos que tienen ciertas características compartidas.

Una comunidad es un grupo de seres humanos que tienen ciertos elementos en común, tales como el idioma, costumbres, valores, tareas, visión del mundo, edad, ubicación geográfica, estatus social o roles. En otros términos es el conjunto de personas que viven juntas bajo ciertas reglas o que tienen los mismos intereses, así la población de personas con discapacidad con su lengua de señas, sistema de lecto-escritura en Braille y constructos sociales, que bien pueden encontrarse en su propia “jerga” que corresponden a esos lugares comunes de nuestras experiencias o vivencias.

Esto se constituye en nuestra identidad como lo confirma, el que nuestra política pública encontremos una dimensión cultural simbólica, pero enfatizo en que debemos cuidarnos de no ser un grupo aparte y sí en cambio ocuparnos en ser parte de todo el conjunto social, sacudiéndonos particularmente de los “cieguísmos, sordismos y chuequísmos” que excluyen a los demás integrantes de la común unidad, pero sobre todo las erráticas manipulaciones de los seudo-lideres o seudo-lideresas que con nosotros quieren conformar inframundos o submundos acordes con sus intereses.

Esto es evidente sobre todo en términos de doctrina política, pues algunos la consideran pecaminosa, delictiva o en todo caso vergonzante y la proscriben del escenario público, cuando debemos tener bien claro que uno de nuestros principales problemas radica en la pobreza ideológica o en la carencia de una cultura política que tradicionalmente ha permitido que avivatos en el interior de nuestra comunidad o provenientes de grupos politiqueros externos utilicen o manejen a las personas con discapacidad en la denigrante condición de “ganado” al que llevan o sacan de sus corrales invisibles a conveniencia.

Peor aún pretenden mantener el oscurantismo y silenciar a quienes toman la decisión de asumir responsabilidades políticas con sus consiguientes compromisos de pensamiento y de acción cívica y social, acallando con argucias la razón de ser de nuestros voceros, restringiendo su participación y relegando al común de nuestras lideresas y líderes simplemente al triste papel de entregar mansamente al supuesto redil de ovejas como rebaño de los pocos “hacendados” o caciques preexistentes entre nosotros o advenedizos para que continúen con sus posiciones dominantes.

Imponiendo la costumbre de hacer monotemática la discapacidad manteniendo pequeñas cosmovisiones que impiden ver las alternativas de solución más allá del corralito de sus consabidos feudos., si bien mantienen discursos de auto construcción, derechos y participación, lo cierto es que mientras no propiciemos mayor formación filosófica y teórica, respetando y propiciando el debate público, superando sus prácticas y métodos condicionantes que impiden ver el amplio universo de las posibilidades para erradicar esos malos hábitos que en sumatoria constituyen el “reino de Discapacilandia”.

Tal vez sea esta la razón por la que pese a la proliferación de asociaciones, fundaciones, clubes, colectivos y demás organizaciones sociales que pregonan los Derechos Humanos, hasta el día de hoy no sean pronunciado frente al “secuestro” en que el Estado, el Gobierno Nacional y particularmente la Fiscalía al servicio de los intereses del imperialismo mantienen contra un ser humano que por encima de cualquier consideración es una persona con discapacidad seriamente comprometido con los procesos de paz y ahora como antes nunca había sucedido propiciando la transformación de nuestra sociedad con medios democráticos y pacíficos como lo es Zeuxis Pausias Hernández Solarte más conocido por su seudónimo Jesús Santrich.

Debemos exigir el pronunciamiento definitivo y la inmediata resolución de su situación jurídica que de una vez por todas se demuestre su culpabilidad y si es derrotado en un debido juicio con todas las garantías procesales sea extraditado pero asumiendo su condición de discapacidad y por tanto de especial protección por parte del Estado., de no ser así se proceda a su inmediata liberación., esta campaña de solidaridad debe ser asumida por los líderes y lideresas de nuestra comunidad y nuestras organizaciones no gubernamentales en una clara demostración de que la política y el fortalecimiento ideológico no debe ser ajenos a la discapacidad y que para el mejoramiento de nuestras condiciones de vida de vez en cuando viene bien salir de Discapacilandia.

FRACE CELEBRE La discapacidad no te define; te define cómo haces frente a los desafíos que la discapacidad te presenta” (Jim Abbott).

“La discapacidad no es una lucha valiente o coraje en frente de la adversidad. La discapacidad es un arte. Es una forma ingeniosa de vivir” (Neil Marcus).

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