En Bogotá, octubre es el mes de la discapacidad

¿De qué ha servido?

Cada octubre, desde el año 2006, gracias al Acuerdo Distrital 245, se celebra en Bogotá el mes de la discapacidad.

En estos catorce años, ha sido un motivo de celebración y un esce­nario en el que han pretendido reivindicar sus derechos algunas organizaciones y colectivos com­puestos por personas CON defi­ciencias físicas, sensoriales, cog­nitivas o funcionales.

Este escenario también ha sido el intento que tales organizaciones y las personas con discapacidad en general ha empleado para visibi­lizarse ante la sociedad, especial­mente, ante las entidades e insti­tuciones gubernamentales sobre las que han recaído las responsa­bilidades de atender al cerca del diez por ciento de colombianos y colombianas que por causas aje­nas a su voluntad, han adquirido alguna condición de disfunciona­lidad, a pesar que tan solo, según las estadísticas oficiales, cerca del ocho por ciento de la población total del país, es el que se consi­dera población con discapacidad.

Esta diferencia entre los datos arrojados por el último censo poblacional en Colombia y las proyecciones de la Organización Mundial de la Salud, es sin lu­gar a dudas, muestra inequívoca del desconocimiento tanto del gobierno como de la sociedad en cuanto a la discapacidad, lo que se refleja en la invisibilidad de personas ciegas, sordas, con dificultades de movilidad, para entender el entorno y otras ca­rencias derivadas de disfunciones orgánicas.

Todas las actividades para celebrar el mes de la discapacidad que se han desarrollado en los últimos catorce octubres organizadas por los colectivos directamente inte­resados por tratarse de entidades sin ánimo de lucro, instituciones dedicadas a la rehabilitación, instituciones gubernamentales obligadas a atender a esta pobla­ción en la medida que sus misio­nalidades deben contemplar este aspecto para dar cumplimiento a los mandatos constitucionales que en el país, desde 1991, queda­ron manifiestos en la Carta Mag­na colombiana, y a lo contenido en la normatividad internacional

Difundida por la ONU en rela­ción a todo aquello que implique el pleno goce de los derechos de las personas con discapacidad, no han pasado de ser iniciativas financiadas por el Estado que le han otorgado a algunas de esas organizaciones la posibilidad de acceder a unos recursos, por cier­to, precarios, que están lejos de ser la solución para sus finanzas y para poder desarrollar sus obje­tivos en beneficio de la inclusión de personas con discapacidad en Colombia.

Por ejemplo, durante los últimos seis años, algunos profesiona­les con discapacidad han podido ocupar unos cuantos cargos ofre­cidos, casi que obligatoriamente, en algunas entidades guberna­mentales del Distrito y de otras entidades territoriales del país, lo que sucedió como resultado de la movilización ciudadana organiza­da y no por la consciencia social que se esperaría de ellas y de los demás sectores de la sociedad como consecuencia de las activi­dades del mes de la discapacidad.

Todos estos esfuerzos, solo son conocidos por parte de la pobla­ción con discapacidad y ni siquie­ra, por toda ella.

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Mucho menos son conocidos por la generalidad de la sociedad, que desconoce la problemática por no interesarle.

Y no es de su interés, porque el tema no es rentable para los me­dios ni para los políticos, quie­nes se acercan a la población con discapacidad solo en tiempos electorales para crear sentimien­tos de admiración entre los gran­des grupos electorales, haciéndo­se pasar por personas altruistas y humanas para que sus electores, los vean como solidarios con las personas más vulnerables, pero desconociendo absolutamente las necesidades de quienes no pueden ver, oír, entender sus en­tornos, movilizarse sin la ayuda de algún elemento como sillas de ruedas, bastones, etc.

Entonces, ¿para qué han servi­do las celebraciones del mes de la discapacidad en los últimos catorce años?, no habiendo sido precisamente para formar cons­ciencia de la necesidad de brin­dar facilidades para la inclusión de más de cuatro millones de colombianos y colombianas con discapacidad, según las inexactas cifras oficiales.

JAIME MAURICIO GAITAN